Polipo es un ratón blanco, su madre una rata de campo gris claro, su padre negro como la noche, era de la otra parte del río, y de esa mezcla, nació él. Su madre le cuidó durante un tiempo, pero un día salió a buscar comida, y ya no volvió. Adela era la propietaria de la casa, llevaba un rato oyendo un pequeño gemido, así que decidió subir a ver qué pasaba, y se encontró al ratoncito, tan blanco tan pequeño y tan mono, que se compadeció de él, y decidió cuidarlo.
Le puso de nombre Polipo, este empezó a seguirla por toda la
casa, ella le hizo una pequeña casita junto al radiador de salón. Y así fue
transcurriendo el tiempo. Adela era una persona sociable, sus amigas venían
todas las tardes a jugar al parchís y cartas, todas sabían lo de Polipo y cada
una le llevaban golosinas, él por su parte las hacia cucamonas y ellas se
divertían tanto con él, que muchas veces no acababan las partidas. Todo
transcurría feliz, hasta que una tarde se presentaron unos sobrinos, que hacía
años que no sabía nada ellos, venían con dos chicos de siete y nueve años
revoltosos y mal educados, haciendo de todo, subiéndose a los sofás, o tirando
el plátano de la merienda al suelo, ante la mirada impasiva de sus padres. El
pequeño Jairo descubre la casita de Polipo y se lanza a por ella, Adela lo mira
aterrorizada sin poder hacer nada, levanta la casita y la estrella contra la
pared, Polipo salió mal trecho medio mareado, sin rumbo, sin saber que había
pasado, y de pronto aquel salvaje, intentó pisarlo, Adela no pudo más, y con
agilidad, se colocó delante de la criatura, y cogiéndolo por el brazo se lo
entregó a sus padre, invitándoles a que inmediatamente se fueran de allí, para
no volver. Los padres se lo tomaron muy mal e insultaron a Adela, esta cogió
con delicadeza a Polipo lo depositó sobre el sofá, le dio un poco de aire con
el abanico, y espero impaciente, a que se recuperase, no parecía que tenía
sangre, pero a lo mejor tenía algo en su interior, ya que el porrazo fue
mayúsculo. En esto vinieron sus amigas, ella les contó lo que había pasado,
todas se pusieron como locas, si ellas hubieran estado allí no lo hubieran
permitido. Polipo iba recuperándose del susto, le dolía una patita, pero por lo
demás estaba bien. Así que dio un salto al regazo de su ama, y así fue pasando
por todas ellas, de la angustia se pasó a una alegría total. Todo volvía a ser
como antes.
De los familiares nunca más se supo, Pero Polipo vivió con su
ama y amigas mucho tiempo, alegrándoles las tardes tanto de invierno como de
verano, nunca salió de la casa, lo de fuera no le llamaba, dentro tenía todo lo
que necesitaba, amigas, a su ama, cariño, cuidados, y golosinas.
Era feliz del todo, y siempre permanecería junto a ellas.
Y colorín colorado este cuento se ha acabado
Fin A.R.G.
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