miércoles, 9 de mayo de 2012

El Faro Relato


EL  FARO
Cabo Mayor Cantabria España



                 Estaba erguido sobre aquella roca elevada hacia el cielo como una espadaña mirando la a la noche . Con su estructura redonda desafiando las tormentas, los gritos del agua al chocar contra él, parando el viento desde su anclaje al suelo, oyendo el bramido del mar que en las noches de tormenta viento agua te hace sentirte pequeño y en tu interior tienes miedo, sabes o crees que esta seguro en tu faro.Yo soy el farero, la persona que vivo aquí, y desafió a los elementos. Pero me siento bien cuando logro que el barco perdido llegue a puerto.
         Hoy la noche está oscura y de las profundidades del mar llega un canto lastimero, las aguas se revuelven furiosas, se agitan, se encrespan y rompen con rotundidad sobre el acantilado formando colas de vaporosa espuma, entre relámpago y relámpago diviso el blanco de la cresta de la ola, y mientras, el mar ruge con fiereza, en el espigón se respira el miedo. Todas las miradas van hacia la bocana del puerto, el Corchete es el único barco que aún no ha llegado, desde mi atalaya, trato de escudriñar esa inmensidad negra, la luz de mi faro no da para mas, todos mis intentos son vanos, oigo el triste canto de su sirena, pero no lo veo, es imposible salir a su encuentro solo nos queda rezar y esperar, en esta noche larga oscura y desapacible vienen a mi memoria otros naufragios, en los que nadie quedó de aquella tripulación que salio a la mar cargada de esperanza para encontrar un buen banco de atunes y así regresar a casa con los suyos, pero todos esos sueños se los arrebató este mar, que los mismo se muestra bello, sereno, majestuoso, y lleno de color, azul o verde como un millón de esmeraldas depositadas en sus fondos esperando esos días de sol intenso para hacerlas brillar con toda intensidad, o como hoy día de galerna negra, cruel, devastadora, olas de cinco o seis metros que se estrellan contra el rompeolas haciendo añicos todo lo que se encuentra a su paso, desguazando barcas de alas blanca que dieron el sustento a tantas familias, o esos barcos de sesenta metros de eslora que navegan ligeros al gran sol o a Finlandia, y regresan con sus bodegas llenas de los frutos del mar. Pero todos estos tesoros que guarda este mar, tienen un precio, y es que a pesar de los faros que te guían para mostrarte el camino de casa, muchas veces no es suficiente. El mar muestra su bravura incontrolada, y deshace un barco en pocos minutos solo con un par de embestidas mortíferas que caen sobre las cuadernas mandando al pecio con todos sus tripulantes al fondo.
         La sirena del Corchete se oye lastimera ora aquí ora allá, en una de las ráfagas de mi faro y escudriñando la noche con ojos de águila por unos segundo he visto al barco, se me ha helado la sangre, su visión era aterradora, semi desguazado ¿Dios Dónde están los hombres? Hago sonar mi sirena con insistencia, desde el puerto me siguen todos los que allí se encuentran, han encendido linternas y hacen sonar todo tipo de artilugios. Pues si aún están vivo es una manera de guiarles en esta noche negra y oscura y tenebrosa como la misma muerte. Transcurren unos interminables minutos, y por fin veo cerca de Punta Blanca a tripulantes no sé aún cuantos, y resuena la sirena del faro, y la lancha del guardacostas ha llegado y pone rumbo hacia donde la luz del faro le indica, su potente luz se pierde entre el oleaje, pero poco a poco se va acercando hacia los náufragos, que están a merced de ese mar enfurecido. En el muelle todo es ansiedad, pues hasta que no estén en tierra no se le ha ganado la partida al mar. El barco de rescate recoge a cinco de los ochos tripulantes, Toñin el de la Maruja se cayó hace una hora lleva el chaleco puesto pero en una noche como esta nada se puede hacer, solo rezar para que aguante hasta el amanecer. Jacinto se perdió con la primera embestida y Balín se tiró a por él pues el otro no sabia nadar y él si.
         En el muelle todo son nervios lágrimas alegrías, pero también tristeza y desesperanza, por los tres que no han regresado. Aun con todo no se les dará por perdidos, y al amanecer se reanudará su búsqueda, el faro les seguirá llamando lo que queda de noche.
         Ya ha amanecido y la búsqueda ha comenzado de nuevo con los primeros rayos del alba, han pasado dos largas horas, cuando el Virgen del mar ha descubierto algo a estribor, ponen las maquinas a todo vapor y cuando se acercan se encuentra a Balín sujetando a Jacinto y a su vez agarrados a un tablón, casi sin fuerzas esboza algo parecido a una sonrisa. Pronto son izados al pesquero, y atendidos por los sanitarios de abordo, la sirena suena y en el pueblo saben que ha encontrado a dos pero…… ¿Quiénes serán?, la alegría la angustia vuelven otra vez, las familias de los dos marineros no pueden expresar todo el júbilo de encontrarse de nuevo con ellos, han sabido resistir, al frío a miedo a la oscuridad, pero aún falta Toñin, el más veterano de todos, el que más años lleva en la mar, pero todos los esfuerzos han sido infructuosos. Han pasado dos largos días la campana de la pequeña ermita dedicada a la advocación de la Virgen del Carmen tañe lastimera todo el día, los acantilados y playas están cubiertos de deshechos empujados por ese mar enloquecido, es un paisaje dantesco, y de pronto un pescador de Cabo faro, ve algo, un chaleco y parece del Corchete, junto a su perro corre al lugar, y se queda estupefacto, allí yace Toñin  maltrecho pero vivo, le envuelve con su zamarra, y corre en busca de ayuda, pronto la noticia corre como la pólvora, llegan refuerzos y lo trasladan hasta el hospital más próximo está deshidratado, magullado y aterrorizado, pero vivo, va relatando como una ola gigantesca lo elevó  lo vapuleó, reventó su chaleco, pareció que le daba un abrazo tan fuerte que quería partirlo en dos y cuando estaba a punto de sucumbir bajo la pesada carga de millones de litros de agua, vio como una ola de espuma,  lo elevó sacándolo de aquel infierno infinito y depositándolo con suavidad sobre algún punto de tierra. Cuando recobró la consciencia, pensó que esta muerto, pero pronto descubrió que estaba sobre un montón de algas arrancadas por la furia del agua de su lecho marino, haciendo así que su caída fuera liviana. Y pensó que él, que amaba y respetaba a ese mar bravo devastador y cruel unas veces, pero sereno, bello, y como una mujer que te atrapa y seduce, que no te puedes alejar a pesar de todo, no le podía castigarle así, y seguirá repestándolo, amándolo, y sufriéndolo hasta el fin de sus días.
         De nuevo la vida ha vuelto a sonreír en estos pequeños pueblos de pescadores, que oliendo a brea, dejan sus miedos en las playas, cuando en sus barcas se hacen a la mar.    
                                              
                                                           FIN                                                 A.R.G.                         

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