La Perdiz
Vi a la rabona, mi gata algo inquieta, miré por la ventana y
no observe nada raro, pero ella quería salir, no estaba dispuesta a ello, ya
que unas nubes amenazaban lluvia, y si salía me podría la casa perdida.
Miré por última vez a través de los cristales de la cocina,
y de pronto, la vi. Era una perdiz, que a duras penas podía volar. Estaba exhausta,
me miró con terror, pero aun así, intentó hacerme frente, y de pronto comprendí
su miedo y defensa, no estaba sola, junto a ella había tres crías. Ella tenía un ala rota, con mucho
cuidado la cogí, subiéndola al desván, después de curarla y ponerle unas tiras
finas de esparadrapo, la hice un nido, metiendo a su prole con ella, abrí las
ventanas para que cuando estuvieran listos se fueran.
Les procuré moscas, zapateros de un pequeño arroyo, gusanas,
y algo de alpiste.
Transcurrieron dos semanas, ya no me temían es más se
alegraban de verme. Pero una mañana, cuando fui a darle sus raciones, ya no
estaban.
Ahora cuando voy por el bosque o praderías y veo a lo lejos
alguna, siempre pienso que ella. Nunca
he vuelto a saber nada, pero su recuerdo me acompaña en
los días de primavera.
FIN
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