miércoles, 9 de mayo de 2012

El Piano del Fondo del Mar Relato


 



EL PIANO DEL FONDO DEL MAR



Mario es un niño de siete años que vive feliz junto a su padre en un pueblo costero de  pescadores. Desde muy pequeño siempre atrajo su atención la música, y hoy con la edad que tiene, se puede decir que es un virtuoso, su música se puede oír por toda la playa y acantilados. En los días fríos lluvioso y oscuros del mes de diciembre, los pescadores al atardecer, cuando ya han terminado de repasar sus redes y el duro trabajo ha tocado a su fin, a pesar de frío y el viento, abren un poco sus ventanas para oír las dulces melodías que salen de las prodigiosas manos de aquel infante.
         Su madre murió al poco de nacer él, por lo tanto no tiene ni un solo recuerdo suyo, solo las fotos que descansan por distintas parte de la casa, hay una en la que se la ve tocando ese piano que él acaricia sacando notas únicas. La mira constantemente, y su imaginación vuela hasta ese lugar donde su padre dice que está, ya ha desistido de llamarla noche tras noche, y es por eso que acaricia las teclas con ternura, le parece que de esta forma le llegará sus melodías y tal vez decida volver, por otro lado cuando se sienta ante su piano se le olvida todo y la siente cerca, no se siente abandonado, pues su padre le ha dejado muy claro que a ese viaje no decides tú si quieres ir. Te vas y ya está, nunca lo ha entendido muy bien pero da por hecho que es así, solo cuando se sienta frente a su piano y sus pequeñas manos se deslizan suavemente por todo el teclado arrancándole esas bonitas melodías al pentagrama, solo entonces es feliz de verdad.
         Desde hace dos meses trabaja en la farmacia una chica muy guapa se llama Beatriz, pero todos la llaman Bea, se porta muy bien con él, le ayuda en sus tareas, y hasta ha ido a la fiesta del colegio, en el que el era el protagonista pues daba un recital de piano, y asistían de los pueblos de al lado, se sintió dichoso, pues por un momento pensó que eso sería lo que hubiese hecho su madre de no haberse ido a ese viaje, Leonor la señora que viene todos los días del pueblo y que él conoce desde siempre, llora cada vez que le ve dando un recital, el la quiere mucho, pero es mayor y un poco fea, en cambio Bea sabe jugar, toca algo el piano, aunque un tanto mal, pero en cambio canta muy bien. Los chicos del colegio le dicen que a lo mejor su padre se casa con ella, y tiene mas hermanos, esto en vez de disgustarle le agrada, y ya ha soñado varias veces con ello.
         Los días del invierno aquí se hacen tediosos, pues el viento sopla con fuerza, y levanta un oleaje que se estrella contra el acantilado, y parece como si quisiera arrancar la casa y transportarla al fondo del mar, olas blancas de espuma cabalgan a lomos del viento y este la deposita con furia contra la playa, son tardes  invernales en las que hay poco que hacer, no se puede gandulear por el puerto, ni bajar a recoger restos de supuestos naufragios, ni se puede jugar a piratas con el esqueleto de la barbecha, vieja y arrumbada barca de tío Nicolás que yace entre las rocas, pues una noche de marzo una galerna la estrello dejándola inservible para pescar. Es ahora cuando aflora la magia de los sonidos, de las creaciones musicales, de las rapsodias de colores, de las composiciones poéticas, cuando el sonido del piano comulga con el ruido ensordecedor del mar, juntándose  y formando un solo sonido, es ahora cuando retumban ambos por el acantilado. Al mar le gusta el piano de Mario, y a Mario le fascina el mar. En las noches de tormentas, cuando los rayos rasgan el fondo telúrico, y el trueno grita todo su poder, y las aguas se encrespan, a Mario le parece ver un sin fin de caballitos de mar, un bosque de algas que se mueven al compás de su música y una voz que le dice: Sigue tocando, lo ha presentido tantas veces que hasta se lo creído.
         Hoy hay aviso de galerna todos aseguran sus casas, no se puede salir, su padre ha reforzado las ventanas y puertas, pero esta noche, la pasaran en el pueblo, pues en estas lides, la casa no es muy segura, se encuentra muy desprotegida, allí alzada sobre el acantilado, y aunque es muy vieja y ha resistido muchos embates, ha habido veces que la galería que cuelga sobre el mar se ha caído, es ahí donde esta su piano, quiere sacarlo, pero no se puede, no cabe por la puerta, para meterlo tuvieron que quitar parte del ventanal y después recolocar, Mario echa un vistazo a su piano y luego se alejan deprisa por el sendero. El viento empieza hacer acto de presencia y sus rachas son bastante fuerte, los aguaceros se suceden con fuerza, y el mar se encrespa, produciendo un ruido atronador, los relámpagos se recortan contra el horizonte, y desde su atalaya del pueblo ve su casa, su padre ha dejado la luz de la galería encendida, cuando comience el fragor de la tormenta todo el pueblo se quedará a oscuras como siempre, y funcionaran los candiles y se romperán las amarras de algunos barcos o de todos y volará el tejado del campanario, y hasta tal vez la vieja campana, que ahora suena lastimera pues las ráfagas de viento la mueven a su antojo.
         La noche se hace larga y aunque no quiere dormirse, el sueño al final lo vence y se queda profundamente dormido. Y es en ese momento cuando ante el se abre un mundo de sinfonías, de pentagramas, de violines y trompetas, y las aguas del fondo del mar se abren, y él va sentado en su piano regalando la mejor música jamás oída por nadie. Los corales forman una silueta roja y armoniosa, las algas parecen un valet de delicadas bailarinas de perfumes sofisticados, los peces de todas clases se dan una tregua en el arte de vivir y de sucumbir, todo es armonía y una paz sublime lo envuelve todo, Mario toca y toca y se siente libre. Ante él desfilan cantidad de imágenes maravillosas sutiles llenas de grandeza de belleza exquisita, es otro mundo, otra dimensión, y él solo él, ante aquella magnitud de colores, de explosión de orquestas perfectamente sincronizadas por unas manos invisibles, y todo en calma, en pureza, en serenidad.
         Son las seis de la mañana, todo ha pasado, ahora hay que salir a ver los desperfectos y evaluarlos, Mario se acuerda perfectamente de todo lo vivido durante esa noche, ha cabalgado en  el viento, ha bajado hasta la entrañas del mar, ha entrado en las simas mas profundas, ha vistos el cementerio de los pecios hundidos, ha admirado los jardines de colores mas intensos que los que hay en tierra, todos los tesoros del mundo, y una explosión de luz, color, agua y música, todo lo imaginable y más lo ha vivido esta noche de galerna, y ahora se siente bien, está libre, como si tras la tormenta se hubiera aligerado de todos sus miedos, preocupaciones, desidias, y se abriera ante él un mundo infinito de posibilidades. Ha mirado hacía su casa del acantilado, la galería ha sido barrida, no que nada, ni tan siquiera su piano, pero eso ya lo sabia antes de mirar. Anoche hizo un pacto en sueño con el mar, si le regalaba su piano; y este lo había tomado, no estaba triste, una alegría interna recorría todo su cuerpo, por fin el mar y él se habían entendido, y las suaves corrientes internas, moverán las teclas de su piano allí donde quiera que esté y una suave melodía impregnará todo el fondo de ese mar bravo y bello sereno y siempre sutil.
         Bea por fin se casa con su padre y por ello se siente doblemente feliz

                                      FIN                                                         A.R.G.


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