EL PIANO DEL FONDO DEL MAR
Mario es un niño de siete años que
vive feliz junto a su padre en un pueblo costero de pescadores. Desde muy pequeño siempre atrajo
su atención la música, y hoy con la edad que tiene, se puede decir que es un
virtuoso, su música se puede oír por toda la playa y acantilados. En los días
fríos lluvioso y oscuros del mes de diciembre, los pescadores al atardecer,
cuando ya han terminado de repasar sus redes y el duro trabajo ha tocado a su
fin, a pesar de frío y el viento, abren un poco sus ventanas para oír las
dulces melodías que salen de las prodigiosas manos de aquel infante.
Su
madre murió al poco de nacer él, por lo tanto no tiene ni un solo recuerdo suyo,
solo las fotos que descansan por distintas parte de la casa, hay una en la que se la ve tocando ese piano que él acaricia sacando notas únicas. La mira constantemente, y su imaginación vuela hasta ese lugar donde su
padre dice que está, ya ha desistido de llamarla noche tras noche, y es por eso
que acaricia las teclas con ternura, le parece que de esta forma le llegará sus
melodías y tal vez decida volver, por otro lado cuando se sienta ante su piano
se le olvida todo y la siente cerca, no se siente abandonado, pues su padre le
ha dejado muy claro que a ese viaje no decides tú si quieres ir. Te vas y ya
está, nunca lo ha entendido muy bien pero da por hecho que es así, solo cuando
se sienta frente a su piano y sus pequeñas manos se deslizan suavemente por
todo el teclado arrancándole esas bonitas melodías al pentagrama, solo entonces
es feliz de verdad.
Desde
hace dos meses trabaja en la farmacia una chica muy guapa se llama Beatriz,
pero todos la llaman Bea, se porta muy bien con él, le ayuda en sus tareas, y
hasta ha ido a la fiesta del colegio, en el que el era el protagonista pues
daba un recital de piano, y asistían de los pueblos de al lado, se sintió
dichoso, pues por un momento pensó que eso sería lo que hubiese hecho su madre
de no haberse ido a ese viaje, Leonor la señora que viene todos los días del
pueblo y que él conoce desde siempre, llora cada vez que le ve dando un
recital, el la quiere mucho, pero es mayor y un poco fea, en cambio Bea sabe
jugar, toca algo el piano, aunque un tanto mal, pero en cambio canta muy bien. Los
chicos del colegio le dicen que a lo mejor su padre se casa con ella, y tiene
mas hermanos, esto en vez de disgustarle le agrada, y ya ha soñado varias veces
con ello.
Los
días del invierno aquí se hacen tediosos, pues el viento sopla con fuerza, y
levanta un oleaje que se estrella contra el acantilado, y parece como si
quisiera arrancar la casa y transportarla al fondo del mar, olas blancas de
espuma cabalgan a lomos del viento y este la deposita con furia contra la
playa, son tardes invernales en las que
hay poco que hacer, no se puede gandulear por el puerto, ni bajar a recoger
restos de supuestos naufragios, ni se puede jugar a piratas con el esqueleto de
la barbecha, vieja y arrumbada barca de tío Nicolás que yace entre las rocas,
pues una noche de marzo una galerna la estrello dejándola inservible para
pescar. Es ahora cuando aflora la magia de los sonidos, de las creaciones
musicales, de las rapsodias de colores, de las composiciones poéticas, cuando
el sonido del piano comulga con el ruido ensordecedor del mar, juntándose y formando un solo sonido, es ahora cuando
retumban ambos por el acantilado. Al mar le gusta el piano de Mario, y a Mario
le fascina el mar. En las noches de tormentas, cuando los rayos rasgan el fondo
telúrico, y el trueno grita todo su poder, y las aguas se encrespan, a Mario le
parece ver un sin fin de caballitos de mar, un bosque de algas que se mueven al
compás de su música y una voz que le dice: Sigue tocando, lo ha presentido tantas
veces que hasta se lo creído.
Hoy
hay aviso de galerna todos aseguran sus casas, no se puede salir, su padre ha
reforzado las ventanas y puertas, pero esta noche, la pasaran en el pueblo,
pues en estas lides, la casa no es muy segura, se encuentra muy desprotegida,
allí alzada sobre el acantilado, y aunque es muy vieja y ha resistido muchos
embates, ha habido veces que la galería que cuelga sobre el mar se ha caído, es
ahí donde esta su piano, quiere sacarlo, pero no se puede, no cabe por la
puerta, para meterlo tuvieron que quitar parte del ventanal y después
recolocar, Mario echa un vistazo a su piano y luego se alejan deprisa por el
sendero. El viento empieza hacer acto de presencia y sus rachas son bastante
fuerte, los aguaceros se suceden con fuerza, y el mar se encrespa, produciendo
un ruido atronador, los relámpagos se recortan contra el horizonte, y desde su
atalaya del pueblo ve su casa, su padre ha dejado la luz de la galería
encendida, cuando comience el fragor de la tormenta todo el pueblo se quedará a
oscuras como siempre, y funcionaran los candiles y se romperán las amarras de
algunos barcos o de todos y volará el tejado del campanario, y hasta tal vez la
vieja campana, que ahora suena lastimera pues las ráfagas de viento la mueven a
su antojo.
La
noche se hace larga y aunque no quiere dormirse, el sueño al final lo vence y
se queda profundamente dormido. Y es en ese momento cuando ante el se abre un
mundo de sinfonías, de pentagramas, de violines y trompetas, y las aguas del
fondo del mar se abren, y él va sentado en su piano regalando la mejor música
jamás oída por nadie. Los corales forman una silueta roja y armoniosa, las
algas parecen un valet de delicadas bailarinas de perfumes sofisticados, los
peces de todas clases se dan una tregua en el arte de vivir y de sucumbir, todo
es armonía y una paz sublime lo envuelve todo, Mario toca y toca y se siente
libre. Ante él desfilan cantidad de imágenes maravillosas sutiles llenas de
grandeza de belleza exquisita, es otro mundo, otra dimensión, y él solo él,
ante aquella magnitud de colores, de explosión de orquestas perfectamente
sincronizadas por unas manos invisibles, y todo en calma, en pureza, en
serenidad.
Son
las seis de la mañana, todo ha pasado, ahora hay que salir a ver los
desperfectos y evaluarlos, Mario se acuerda perfectamente de todo lo vivido
durante esa noche, ha cabalgado en el
viento, ha bajado hasta la entrañas del mar, ha entrado en las simas mas
profundas, ha vistos el cementerio de los pecios hundidos, ha admirado los
jardines de colores mas intensos que los que hay en tierra, todos los tesoros
del mundo, y una explosión de luz, color, agua y música, todo lo imaginable y más
lo ha vivido esta noche de galerna, y ahora se siente bien, está libre, como si
tras la tormenta se hubiera aligerado de todos sus miedos, preocupaciones,
desidias, y se abriera ante él un mundo infinito de posibilidades. Ha mirado
hacía su casa del acantilado, la galería ha sido barrida, no que nada, ni tan
siquiera su piano, pero eso ya lo sabia antes de mirar. Anoche hizo un pacto en
sueño con el mar, si le regalaba su piano; y este lo había tomado, no estaba
triste, una alegría interna recorría todo su cuerpo, por fin el mar y él se
habían entendido, y las suaves corrientes internas, moverán las teclas de su
piano allí donde quiera que esté y una suave melodía impregnará todo el fondo
de ese mar bravo y bello sereno y siempre sutil.
Bea
por fin se casa con su padre y por ello se siente doblemente feliz
FIN A.R.G.
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