sábado, 22 de septiembre de 2012

LA GALLINITA NEGRA CUENTO



LA GALLNITA NEGRA

Esto era una gallinita negra que vivía en el bosque. Tenía una casita muy limpia ordenada, todos los días salía al bosque a buscar leña para hacerse la comida y en invierno para calentarse.
Arriba sobre unas peñas moraban unos zorros, madre he hijo, siempre la vigilaban, pues querían comérsela, pero ella eran muy cuidadosa, cerraba la puerta. Ellos habían inventado cien argucias, sin conseguir nada.
Una mañana como siempre salió la gallinita, pero ese día estaba muy nerviosa, ya que había recibido una carta, era de una amiga que venía a visitarla y.. se olvidó cerrar la puerta. Ellos lo vieron y la madre le dijo al hijo, corre, corre, hoy es la nuestra, el zorro bajó brincando montaña abajo, y se coló en la casita, espero a que viniera la gallinita, con su ato de leña. Esta entró y de pronto se dio cuenta que el zorro estaba allí, pues aunque este estaba escondido vio su rabo. Muy asustada se subió a un armario, el zorro salió de su escondite, y se puso a dar vuelta y vuelta, ella no quería mirarle, pero lo hacia, hasta que se mareo y calló del armario.
Entonces el zorro la metió en un saco y se la puso al hombro. Mientras la gallinita lloraba, pensando en su destino, el zorro se sentó un rato a descansar y se quedó dormido.
De pronto se dio cuenta que en el delantal llevaba unas tijeras, cortó el saco y salió y no sin grandes esfuerzos le metió una piedra y cosió el saco. Muy asustada corrió a su casa, y espero.
El zorro retomó su camino, y cuando estaba cerca gritó a su madre,¿madre, ya tiene la cazuela con el agua hirviendo? ¿si hijo sí?. El se iba relamiendo, pensando en que por fin iban a comer caliente y plato suculento, cuando estuvo en casa le dijo a su madre -usted coja la tapa, y en cuanto yo la eche, la tapa no vaya a ser que se nos escape- -no hijo que he cerrado todo bien, hoy nos ponemos la botas. Se prepararon para la maniobra, y zas, la piedra calló en la olla, pero como era de barro, ésta se rompió, calledóles todo el agua hirviendo.
La gallinita desde su casa, le vió bajando a toda carrera hacia el pequeño río, sus aullidos eran tremendos, pero sabeis, nunca mas se volvió a ver aquel par de zorros malos, malos.
La gallinita recibió a su amiga con gran alvoroto, le contó todo lo que había pasado, y ésta decidió quedarse con ella, pues muy cerca de donde vivía ella habían puesto una granja, y tenía miedo de acabar mal.
Y así vivieron muy felices en medio del bosque sin que nadie las molestase, pero por si acaso, una salía a recoger leña, y la otra se quedaba guardando la casa.
y colorín colora este cuento ha finalizado

















domingo, 16 de septiembre de 2012

Vista de S. Vicente de la Barquera Cantabria España



 
Bonita vista de San Vicente de la Barquera, Cantabria, estaba amaneciendo, iba camino de oviedo
 



El Alma Poesía

 
El Alma
Mi alma se alza orgullosa
como una gran roca, que el
agua ni viento o rayo destruirá
jamás. Mi cuerpo se perderá
y en polvo se convertirá
esparciéndose por el lugar
¡Ah! pero mi alma nunca nunca
se destruirá.
Porqué Dios la hizo inmortal
                                                                               A.R.G.

Cristo de los olvidados, poesía

 

Por los caminos del mundo,
yo voy buscando un amor,
pero no es un amor pasajero,
sino autentico y verdadero.
Y en una ermita muy vieja,
sobre una cruz de madera
clavado de pies y manos, tú me
miraste, con una mirada dulce,
Cristo de los olvidados.
Yacías en la penumbra y me
estabas esperando, encontré lo que
buscaba, porque era un solitario,
Tu mirada en mi se clavó, y se
calmó mi dolor, y tú me diste
tú mano, naciendo dentro de mi
un fuego dulce y sereno que
me acercó mucho a ti.
                                                                A.R.G.


Poemas de Antonio Machado España III

 
 
 
PRELUDIO

Mientras la sombra pasa de un santo amor, hoy quiero
poner un dulce salmo sobre mi viejo atril.
Acordaré las notas del òrgano severo
al suspirar fragante del pífano de abril.

Madurarán su aroma las pomas otoñales;
la mirra y el incienso salmodiarán su olor;
exhalarán su fresco perfume los rosales,
bajo la paz en sombra del tibio huerto en flor.

Al grave acorde lento de música y aroma,
la sola y vieja y noble razòn de mi rezar
levantará su vuelo süave de paloma,
y la palabra blanca se elevará al altar.


CRECE EN LA PLAZA EN SOMBRA

Crece en la plaza en sombra
el musgo, y en la piedra vieja y santa
de la iglesia. En el atrio hay un mendigo...
Más vieja que la iglesia tiene el alma.

Sube muy lento, en las mañanas frías,
por la marmòrea grada,
hasta un rincòn de piedra... Allí aparece
su mano seca entre la rota capa.

Con las òrbitas huecas de sus ojos
ha visto còmo pasan
las blancas sombras en los claros días,
las blancas sombras de las horas santas.



ME DIJO UN ALBA DE LA PRIMAVERA

Me dijo un alba de la primavera:
—Yo florecí en tu corazòn sombrío
ha muchos años, caminante viejo
que no cortas las flores del camino.

Tu corazòn de sombra, ¿acaso guarda
el viejo aroma de mis viejos lirios?
¿Perfuman aun mis rosas la alba frente
del hada de tu sueño adamantino?

Respondí a la mañana:
—Sòlo tienen cristal los sueños míos.
Yo no conozco el hada de mis sueños,
ni sé si está mi corazòn florido.

Pero si aguardas la mañana pura
que ha de romper el vaso cristalino,
quizás el hada te dará tus rosas;
mí corazòn, tus lirios.



Poemas de Antonio Machado España II

ORILLAS DEL DUERO

Se ha asomado una cígüeña a lo alto del campanario.
Girando en torno a la torre y al caseròn solitarío;
ya las golondrinas chillan. Pasaron del blanco invierno,
de nevascas y ventiscas los crudos soplos de infierno.
Es una tibia mañana.
El sol calienta un poquito la pobre tierra soriana.

Pasados los verdes pinos,
casi azules, primavera
se ve brotar en los finos
chopos de la carretera
y del río. El Duero corre, terso y mudo, mansamente.
El campo parece, más que joven, adolescente.

Entre las hierbas, alguna humilde flor ha nacido,
azul o blanca. ¡Belleza del campo apenas florido,
y mística primavera!

¡Chopos del camino blanco, álamos de la ribera,
espuma de la montaña
ante la azul lejanía;
sol del día, claro día!
¡Hermosa tierra de España!


YO VOY SOÑANDO CAMINOS

Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas! ...
¿Adònde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero...
—La tarde cayendo está—.
«En el corazòn tenía
la espina de una pasiòn;
logré arrancármela un día,
ya no siento el corazòn.»

Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.

La tarde más se oscurece;
y el camino que serpea
y débilmente blanquea
se enturbia y desaparece.

Mi cantar vuelve a plañir:
«Aguda espina dorada,
quién te pudiera sentir
en el corazòn clavada.»


AMADA, EL AURA DICE

Amada, el aura dice
tu pura veste blanca...
No te verán mis ojos;
¡mi corazòn te aguarda!

El aura me ha traído
tu nombre en la mañana;
el eco de tus pasos
repite la montaña...
No te verán mis ojos;
¡mi corazòn te aguarda!

En las sombrías torres
repican las campanas...
No te verán mis ojos;
¡mi corazòn te aguarda!

Los golpes del martillo
dicen la negra caja;
y el sitio de la fosa,
los golpes de la azada...
No te verán mis ojos;
¡mi corazòn te aguarda!

Poemas de Antonio Machado España I

Poemas de:
Antonio Machado

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HE ANDADO MUCHOS CAMINOS
He andado muchos caminos,
he abierto muchas veredas,
he navegado en cien mares
y atracado en cien riberas.

En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancòlicos
borrachos de sombra negra,

y pedantones al paño
que miran, callan y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.

Mala gente que camina
y va apestando la tierra...

Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra.

Nunca, si llegan a un sitio,
preguntan adònde llegan.
Cuando caminan, cabalgan
a lomos de mula vieja,

y no conocen la prisa
ni aun en los días de fiesta.
Donde hay vino, beben vino;
donde no hay vino, agua fresca

Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan,
y en un día como tantos
descansan bajo la tierra.


RECUERDO INFANTIL
Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.

Es la clase. En un cartel
se representa a Caín
fugitivo, y muerto Abel,
junto a una mancha carmín.

Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.

Y todo un coro infantil
va cantando la lecciòn:
mil veces ciento, cien mil;
mil veces mil, un millòn.

Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de la lluvia en los cristales.


EL LIMONERO LÁNGUIDO SUSPENDE
El limonero lánguido suspende
una pálida rama polvorienta
sobre el encanto de la fuente limpia,
y allá en el fondo sueñan
los frutos de oro...
Es una tarde clara,
casi de primavera;
tibia tarde de marzo,
que al hálito de abril cercano lleva;
y estoy solo, en el patio silencioso,
buscando una ilusiòn cándida y vieja:
alguna sombra sobre el blanco muro,
algún recuerdo, en el pretil de piedra
de la fuente dormido, o, en el aire,
algún vagar de túnica ligera.

En el ambiente de la tarde flota
ese aroma de ausencia
que dice al alma luminosa: nunca,
y al corazòn: espera.

Ese aroma que evoca los fantasmas
de las fragancias vírgenes y muertas.

Sí, te recuerdo, tarde alegre y clara,
casi de primavera,
tarde sin flores, cuando me traías
el buen perfume de la hierbabuena,
y de la buena albahaca,
que tenía mi madre en sus macetas.

Que tú me viste hundir mis manos puras
en el agua serena,
para alcanzar los frutos encantados
que hoy en el fondo de la fuente sueñan...

Sí, te conozco, tarde alegre y clara,
casi de primavera.