sábado, 8 de diciembre de 2012

Don Quijote de la Mancha Cervantes España 1º capi




                                                  

   Primera Parte

                                                       Capitulo Primero

    
    En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de danza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, sal picón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. el resto de ella concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mismo, y los días de entre semana se honraba con su vellorí de los más fino. Tenía en su casa un ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no llegaba los veinte, y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada, o Quesada, que en esto hay alguna diferencia en los autores de este caso escriben; aunque por conjeturas verosímiles se deja entender que se llamaba Quejana. Pero esto importa poco a nuestro cuento: basta que en la narración de él no salga un punto de la verdad.
Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso -que eran los más del año-, se daba a leer libros de caballerías con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza, y aun la administración de su hacienda; y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchas fanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías, en que leer, y así llevó a su casa todos cuantos pudo haber de ellos, y de todos ningunos le parecían tan bien como los que compuso Feliciano de Silva, porque la claridad de su prosa y aquellas intrincadas razones suyas le parecían de perlas, y más cuando llegaba a leer aquellos requiebros y cartas de desafíos, donde en muchas partes hallaba escrito: "La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, con tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de vuestra fermosura. Y también cuando leía: " Los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortifican, y os hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza".
Con estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mismo Aristóteles, si resucitara para solo ello. No estaba muy bien con las heridas que don Beliani daba y recibía, porque se imaginaba que, por grandes maestros que le hubieran curado, no dejaría de tener el rostro y todo el cuerpo lleno de cicatrices y señales. Pero, con todo alababa en su autor aquel acabar su libro con la promesa de aquella inacabable aventura, y muchas veces le vino deseos de tomar la pluma y darle fin al pie de la letra, como allí se compromete, y sin duda alguna lo hiciera, y aún saliera con ello, sin otros mayores y continuos pensamientos no se lo estorbaban. Tuvo muchas veces copentencia con el cura de su lugar -que era hombre docto, graduado en Sigüenza_ sobre cual había sido mejor caballero: Palmerín, de Inglaterra, o Amadis, de Gaula; mas maese Nicolás, barbero del mismo pueblo, decía que ninguno llegaba al Caballero de Febo, y que si alguno se le podía comparar era Don Galaor, hermano de Amadís de Gaula, porque tenía muy acomodada condición para todo; que no era caballero melindroso, ni tan llorón como su hermano, y que en todo lo de la valentía no le iba a la zaga.


viernes, 7 de diciembre de 2012

Ruben Dario Poeta que cambio el nombre de una Ciudad



"Los Dario han tenido un hijo." Ésta era la noticia que corría por Mestapa, Nicaragua, el día en que Rosa Sarmiento y Manuel García tuvieron a su Hijo Felix Rubén.
Desde su infancia dió muestras de su talento: a los tres años ya leía perfectamente y a los once componia versos que se publicaban en un periodico que tenía un nombre muy curioso: El Termométro.
Sin embargo y a pesar de su talento, al pequeño Rubén no le gustaba estudiar, y su familia, en vista del poco aprovechamiento en el estudio, decidió enseñarle el oficio de sastre. Pocos trajes llegó a cortar el joven Rubén, pues su verdadera vocación era componer versos. A los catorce años, cuando ya empezaba a ser conocido en todo su país, el joven Rubén García Sarmiento decidió firmar sus trabajos literarios utilizando el apodo "Dario" con el que varias generaciones era conocida su familia en la pequeña ciudad de Mestapa.
La fama universal  y la gloria que el poeta ha dado a su país movió a sus compatriotas a cambiar el nombre de la ciudad natal del escritor, Mestapa, por el de Cidad-Dario. Así ha reconocido su patria el mérito de este extraordinario poeta, a quién se le considera el innovador más importante de la poesía moderna en la lengua castellana y poeta que más influencia ha ejercido en los escritos de generaciones posteriores.
Durante toda su vida viajó incansablemente por toda América y Europa, donde residió largas temporadas y ocupó numerosos cargos oficiales. Pese a que el viejo continente le atraía de forma especial, Dario, que se sentía muy ligado a su tierra, quiso vivir sus últimos días en ella. El 6 de febrero de 1916 moría en la ciudad de León este gran poeta universal.

También ocurrió ese día: 1833: Nace en Polanco Santander, el novelista José María de Pereda.
1904:  Se inicia la guerra Ruso - Japonesa

domingo, 2 de diciembre de 2012

Ruta de Belenes por el Mundo

Paraguay
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         Palestina
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Roma                                                                         Polonia
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Pakistán
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Uruguay
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  Mexico
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                                                            Líbano
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                                                          Vaticano


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Prehistoria en Cantabria España



Mano en negativo de la Cueva de El Castillo


Los primeros vestigios que denotan la presencia humana en Espa- ña se encuentran en Andalucía y tienen un millón de años, aunque en Cantabria, los restos más antiguos que se han descubierto tienen 100.000 años, dato llamativo teniendo en cuenta la cerca- nía del yacimiento de Atapuerca en Burgos con 800.000 años de antigüedad. Estos restos se encuentran en la Cueva de El Castilloen Puente Viesgo. Esa época debió ser templada, posibilitando el acceso del hombre a una zona que hasta entonces había estado cubierta por glaciares.
La orografía cavernosa de Cantabria propició, hace miles de años el asentamiento de grupos de hombres primitivos cuyo arte quedó expresado en las cuevas que habitaban y que aún hoy se conser- va perfectamente.

Las Cuevas de Altamira, cerca de Santillana del Mar, son el mejor de los conjuntos de arte rupestre conocidos, han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad y se las conoce como "la Capilla Sixtina del Arte Cuaterna- rio". Representan uno de los principales atractivos de Cantabria, pese a que la visita se hace previa solicitud con una lista de espera de más de tres años. No obstante, en verano se abrirá una reproducción de las cue- vas al público. No son la única expresión de arte prehistórico, pues exis- ten más pinturas de gran interés como las de RamalesPuente Viesgo,Riclones y Escobedo, por poner un ejemplo.
Collar de huesos en el Museo de Prehistoria
Bastón de mando de la cueva de El PendoProbablemente en el Paleolítico Inferior solo estaba poblada la franja costera y los valles más bajos, con una densidad de población muy baja que no ocasionaba problemas de competencia territorial. Debían formar grupos nómadas que ocupaban algunas cuevas y chozas de ramas o pieles. Ya en el Paleolítico Medio (entre 100.000 y 35.000 años a.C.) se produjo un enfriamiento climático, lo que condujo al hombre a la ocupación masiva de cuevas. En el caso de Cantabria se ocuparon en la costa y valles bajos, estando nuestra región aislada por los glaciares.

En el Paleolítico Superior (entre 35.000 y 10.000 años A.C.) son los últimos años de la glaciación y en Cantabria debió aumentar la densidad de población, ocupándose los valles medios. Se perfecciona el arte y se fabrican los conocidos bastones de mando. Dentro del Paleolítico Superior hay varios periodos. El Auriñaciense (35.000 - 20.000) destaca por la cueva de Morín, donde se encuentran los restos humanos más antiguos de Cantabria, el enterramiento del llamado "hombre de Morín". 


Podemos concluir que Cantabria es una región excepcionalmente rica en toda clase de vestigios prehistóricos, destacando especialmente las cuevas del Monte Castillo, en Puente Viesgo. Aún en la actualidad siguen apareciendo numerosas cuevas con restos del arte rupestre. Para un repaso detallado de todo esto, te recomendamos la sección decuevas.
 El Museo de Prehistoria y Arqueología de Santander alberga valiosas coleccio- nes de útiles del Paleolítico, como los bastones de mando Magdalienses encontrados en diversas cuevas.
Altamira: Obra maestra del arte rupestre Bisonte de Altamira Menhir de Sejos, Polaciones
Las glaciaciones concluyen por fin con el término del Pa- leolítico, en el periodo denominado Mesolítico. Con el cambio climático se extienden los bosques, desaparecen especies como el mamut y la línea de costa retrocede varios kilómetros hasta formar el litoral actual.

En este periodo hubo dos culturas: La Aziliense, de la que destacan los enterramientos con ajuar ( Cangas de Onís, Asturias ) y abundantes yacimietos en Cantabria ( valles del Miera y Aras ).
Magnífica colección Aziliense procedente del Piélago
Menhir cercano a la ermita de las Nieves, Guriezo
El Asturiense fue una cultura muy especializada en el marisqueo aunque también cazaba, por lo que se buscó asentamientos que tuvieran cerca la montaña y el mar. Cerca de Unquera, en Co- lombres ( Asturias ), hay un importante enterramiento Asturiense ( El Molino de Gasparín ).

El Neolítico se caracteriza por la aparición de las economías productoras ( agricultura y ganadería ), la piedra pulimentada, la cerámica y el trabajo del metal. En Cantabria, este proceso se retrasa mucho. El carácter funerario o ritual de el hombre de esta época se presenta en nuestra región con numerosos men- hires como los de Sejos, propios de las culturas megalíticas y diversos enterramientos en túmulos y cuevas.
La cultura Neolítica pastoril, una vez in- troducida, debió de convivir mucho tiempo con la cultura Mesolítica caza- dora, aunque poco a poco, se fueron incorporando los rasgos de la cultura Neolítica como la cerámica y los ritos de inhumación colectiva. Con la meta- lurgia llega la Edad de los Metales, también con retraso. Primero la Edad del Cobre, que en Cantabria se corresponde con el fenómeno del megalitismo y una serie de inhumaciones colectivas en cuevas como la de Aer ( Soba ), Los Hornucos ( Campoo de Suso ), La Peñona y La Castañera.
Vasijas con grabados de la Edad del Bronce del Aer
El caldero de Cabárceno
En la Edad del Bronce ( 1800 - 700 a.C. ) se fabrican armas y útiles con este material. No obstante el bronce escasea en Cantabria, lo que hace pensar que en este periodo se tuvieron relaciones comerciales con otras zonas.

Los restos encontrados son de hachas, puntas de flecha y lanza, pu- ñales, espadas y un magnífico caldero irlandés o británico ( 700 a.C. ) encontrado en las minas de Cabárceno. 
En este periodo la ganadería debía ser ya el principal recurso, mientras que la agricultura debió extenderse con menos profusión.
 Los enterramientos individuales con menor o mayor ajuar, parecen denotar un inicio de la estratificación social. También se inicia la ac- tividad minera.

El arte de este periodo es además del megali- tismo tardío, una serie de grabados esquemá- ticos en cuevas y rocas exteriores, destacando Ruanales y Berzosilla en Valderredible, Pico Jano en Vega de Liébana, Hoyo de la Gándara en Rionansa...
La espada de Entrambasaguas
También reseñar los grabados que aparecen en las estelas de Sejos ( Polaciones ), figuras de aspecto antropomorfo. Tras este periodo se inicia la Edad del Hierro que se prolongaría hasta la conquista romana y que coincide con la formación del pueblo cántabro como tal.

El imperio español Mas de Cantabria




El Fin de la Reconquista
En 1492 acaba el larguísimo proceso de la Reconquista y es descu- bierta América. En esta época perviven unas estructuras económicas y sociales muy similares a las medievales. En lo cultural corresponde a un periodo de esplendor conocido como el Renacimiento.

El grupo de reinos cristianos forjados en la Reconquista se unen bajo una misma corona con el matrimonio de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón en 1469. Los reinos restantes son incorporados por las ar- mas, en 1492 el de Granada y en 1512 el de Navarra. Esto unido a la expansión marítima, le permitió a Carlos de Habsburgo ( nieto de los Reyes Católicos y futuro Carlos V ) convertirse en el hombre más pode- roso de la tierra.

Carlos V frecuentaría por unas u otras razones, tierras cántabras. Llegó a España atravesando Cantabria e hizo su último viaje desembarcando en Laredo, camino al monasterio de Yuste, su retiro último.
Carlos V
    
El levantamiento comunero contra Carlos V

Convento de San Luis en San Vicente de la Barquera
Carlos V llegó a España con 17 años, desconociendo la cultura y lengua del país y acompañado de un séquito de nobles flamencos. En este histórico via- je, en 1517 atravesó tierras cántabras.

Desembarcó en Tazones ( Asturias ) y pasó por Colombres y San Vicente de la Barquera, donde enfermó.
 Allí reposó en el convento de San Luis y le ofrecieron una corrida de toros en la ría. Continuó por Treceño, Cabuérniga, Los Tojos, el puerto de Palombera, Reinosa y Aguilar de Campoo hacia el interior de España.
Sus súbditos no querían un rey extranjero, por lo que hubo diversos levantamientos conocidos como la rebelión comunera. No obstante, en Cantabria no tuvo la repercusión del resto de España. La junta comunera de Avila nombró otros corregidores para las Villas de la Costa y Campoo que llamaron a la sublevación a estos territorios, aunque sin demasiado éxito.

En Liébana, el levantamiento comunero estuvo protagonizado por el caballero Orejón de la Lama que derrotó en el puente de Tama a las tropas de los Mendoza ( duques del Infantado ), mandadas por Toribio Alfonso de Mogrovejo. Con la derrota, se refugió en la torre de Potes que fue tomada al asalto por los comuneros. La victoria no duró mucho porque Orejón de la Lama fue apresado a traición y ejecutado en Ventanilla, cerca de Cervera de Pisuerga.
Torre del Infantado, Potes
Otra batalla se libró en la Merindad de Castilla Vieja, donde unos 10.000 hombres cercaron la fortaleza de los Velasco en Medina de Pomar, aunque la victoria final fue para los imperiales. La derrota en toda España de los comuneros consolidó el poder del rey y los grandes señores, y la entrada en una dinámi- ca de guerras europeas que condujo al país a la ruina en el siglo XVI.
     
Carlos V y las Villas de la Costa
Viaje de Carlos V en su retirada a Yuste
Los puertos de Cantabria, en particular Laredo y Santander, jugaron un importante papel en la política imperial de Carlos V y Felipe II, siendo puntos de embarque para sus viajes al Norte de Europa y sobre todo, base de flotas y armadas, lo que produjo un fuerte desarrollo de la construcción naval. Como curiosidad, los restos de la Ar- mada Invencible llegaron al puerto de Santander tras el desastre. A pesar de esto, las Cuatro Villas de la Costa atravesaron una profunda crisis en el siglo XVI, motiva- da por la competencia, los Consulados Marítimos, los incendios y pestes. Todo ello redujo considerablemente la población de las Cuatro Villas.

El 26 de septiembre de 1556, llegaba a Laredo, el Emperador Carlos V, acompañado de una escuadra de 56 buques, a bordo del "Espíritu Santo". Después de un reinado de 40 años, en los que España se había convertido en la máxima potencia mundial, Carlos V se dirige al último viaje de su azarosa vida, el cual le conduce a su retiro en el Monasterio de Yuste, en donde morirá el 21 de septiembre de 1558. En Laredo permanecería 6 días y el 5 de Octubre el cortejo real bajaba la empinada calle de San Marcial y cruzando la plaza, subieron la pequeña cuesta de la hoy Plaza Cachupín.

Siguió por detrás de la segunda casa de Vélez Cachupín, continuó hasta el Pelegrín o el Paso, las Casillas, la Pesquera, el Callejo, Peña San Vicente, Barrio La Serna, La Puerta, Colindres de Arriba, Limpias y Ampuero, dónde pernoctó el día 6.El día 7 lo emplearon para continuar por Lanestosa y el día 8 por Agüera. Al día siguiente Medina de Pomar, camino ya de Burgos. Este último viaje del Emperador remontando la cuenca del Asón, sigue el camino que unía la Villa de Laredo con la ciudad de Burgos, a través del puerto de Los Tornos, y supone la primera etapa del itinerario que le condujo hasta su retiro.

Más hiostoria de Cantabria España



Los pueblos prerromanos

En la Edad del Hierro, dos grandes pueblos habitaban la Península: Los íberos se extendían por el mediterráneo y Andalucía y se cree que eran de procedencia norteafricana o mediterránea. Comercia- ron con fenicios, griegos y cartaginenses. Tenían un nivel cultural avanzado y fundaron la misteriosa civilización de Tartessos. Los otros pueblos eran celtas, de procedencia centroeuropea y mezclados étnica y culturalmente con los habitantes autóctonos de la Península.
Los celtas ocupaban la parte del interior, norte y occidente de la Península Ibérica. Eran menos cultos y más belicosos que los íberos. La línea roja delimita los territorios que ocupaban estos antiguos pueblos, y la discontínua las actua- les provincias.

Tradicionalmente, los pueblos del norte han sido englobados en el grupo de los celtas, lo cual es obvio en el caso de galaicos y as- tures, pero no tanto en el caso cántabro.
Los pueblos prerromanos
   
Origen del pueblo cántabro
Estela Cántabra
Y es que la preservación de la lengua vasca hace pensar que la influencia de los celtas fue menor en el cantábrico oriental. Se especuló por ello que este lenguaje podía provenir de los íberos, con su correspondiente influencia en el pueblo cántabro. No obs- tante, la idea que prevalece y la más razonable hasta el momento, es que los cántabros serían el resultado de la fusión de los pueblos indígenas ( quizás íberos o ligures ) con los celtas hacia el siglo VIII a.C. 

Ocupaban el sector oriental de la cordillera cantábrica, desde el río Sella ( en Asturias ) hasta el Asón o Agüera. El territorio cántabro era sensiblemente mayor al actual, comprendiendo la Cantabria ac- tual excepto el sector más oriental, el Oriente de Asturias, Noroeste de León, la Montaña Palentina y Norte de Burgos.
Al Este del territorio cántabro se situaba el de los Autrigones, entre los ríos Asón y Nervión, la parte más oriental de la Cantabria actual ( valle del Agüera y Castro Urdiales ). El pueblo Cántabro como tal, es mencionado en la histo- ria desde el Siglo II a.C. cuando se escribió que el río Ebro nacía en el país de los cánta- bros. Se organizaba en poblados de tribus beli- cosas y casi salvajes. Las estelas gigantes que se han encontrado se han convertido en sím- bolos de la identidad cántabra.
Espada de Entrabasaguas, de la Edad del Bronce
   
Origen del nombre de "Cantabria"
Estela Cántabra
No hay una teoría segura acerca del origen etimológico del nombre de Cantabria, aunque parece probable que el término "cántabro" procede de la raíz "cant", frecuente en nombres celtas y que significa roca, y del sufijo "abr", utilizado en numerosas regiones celtas. De esto, se deduce que el término "cántabro" vendría a significar "pueblo que habita en las peñas" o "montañés".

También se pensó que provenía de cant-iber, designando a la gen- te que habitaba las "montañas del Ebro", o que el nombre proven- dría de alguna de sus ciudades que probablemente se llamara Can- tabriga, hipótesis descartadas hoy. En el siglo II a.C. los romanos ya identifican al pueblo cántabro como un pueblo diferenciado de los que habitaban el norte de España.

Tribus y Sociedad cántabra
Tribus y ciudades cántabras
Al lado, el mapa con los lí- mites de la antigua Canta- bria así como la ubicación aproximada de las tribus co- nocidas, basándonos en los escritos de los historiadores y geógrafos de la época, ta- les como Plinio, Mela, Estra- bón o Ptolomeo.

También aparecen algunas de las ciudades y puertos que se conocen de media- dos del siglo II d.C. Aunque se conocen otros, resultan complicados de ubicar.

Las tribus tenían lazos de afinidad étnica y cultural, pero sin aparente unidad política.
A pesar de esa falta de unidad, si que existió un jefe o caudillo impor- tante llamado Corocotta durante las guerras contra las tropas romanas que pudo unificar militarmente a las tribus cántabras para defender Can- tabria del Emperador Augusto. Existía una unidad menor que la tribu, el clan, formado por diversas familias con antepasados comunes, como el clan de los pembelos en la tribu de los orgenomescos. Ni siquiera la dominación romana pudo terminar del todo con este esquema de organi- zación social.

No hay certeza sobre su localización geográfica exacta, solo se sabe que estas tribus eran regidas por un jefe, apoyado de instituciones como un consejo de ancianos y que habitaban en castros, ciudadelas en lo alto de los montes preparadas para defenderse de una agresión exterior. Algunos castros conocidos son los de Amaya, Monte Cildá, Monte Bernorio, Celada-Marlantes, Castrillo del Haya, La Campana, Argüeso... Se sabe que algunos eran de dimensiones colosales, capaces de refu- giar a más de una tribu entera en tiempos de guerra.
Armas y objetos procedentes de Celada Marlantes
Concretamente del castro de Celada Marlantes es de donde más objetos se ha obtenido ( fíbulas, cerámicas, cuchillos... ) Actualmente se conservan en el Museo de Prehistoria y Arqueología de Santander.

La densidad de población era indudablemente mayor en la zona sur ( Campoo y norte de Palencia, Burgos y León ), con un clima menos riguroso y relieves más suaves. No obstante, en los últimos años se han encontrado numerosos castros en el norte de Cantabria como La Garma ( Omoño, Ribamontán al Monte ), Castril Negro ( Peña Cabarga ), La Espina del Gallego ( Besaya-Pas ), Peña Sámano ( Castro Urdiales )...
La sociedad cántabra tenía una estructura matriarcal. La propiedad residía en la mujer, que cultivaba el campo, mientras que el hombre se dedicaba a la caza y la guerra. Su lenguaje nos es prácticamen- te desconocido. Se podría suponer que la lengua cántabra era del mismo grupo que la de los vascones, al menos en parte. Es proba- ble que los cántabros hablaran uno o varios dialectos celtas, en cualquier caso, para los romanos era de difícil pronunciación. 

Sobre su aspecto físico tampoco se puede precisar, parece que el cántabro ordinario era alto y fornido. La única descripción de un cántabro de la época nos llega a través del poeta Silo Itálico. En- tre los mercenarios de las tropas de Aníbal en las guerras púnicas, había un grupo militar cántabro.
Estela Cántabra
El miembro más destacado era Laro, de quién el poeta dice: "El cántabro Laro, aún desprovisto de dardos, seguía siendo temible por la naturaleza de sus miembros y su gran corpulencia".
  
Costumbres del pueblo cántabro
Estela de Barros
Vestían una túnica atada con un cinturón, además de un capote negro de lana, que les servía también de manta para dormir. Usaban una especie de sombreros o gorras y calzaban abarcas de cuero. Las mujeres llevaban vestidos con adornos de flores.

Dormían en el suelo, se bañaban con agua fría, comían una sola comida abundante y eran aficionados a juegos atléticos, milita- res y al baile. 
Sus conocimientos médicos eran muy limitados, sacaban a sus enfer- mos a los caminos por ver si los caminan- tes les proporcionaban un remedio.
Estela de Barros
Tampoco debían conocer la escritura. Los romanos quedaron sorprendidos por las bárbaras costumbres del pueblo cántabro y las achacaron a su carácter guerrero, lo incomunicado de sus tierras y el rigor del clima. Las leyes penales contemplaban el apedreamiento o despeñar al infractor por un roca y los ancianos, que no servían para la guerra, solían suicidarse. Otra costumbre que conocemos era la de la tribu de los concanos que bebía la sangre de los caballos.
      
Recursos y economía
Los cántabros se dedicaban a la recolección, la ganadería ( la carne de cabra era su base alimenticia ), la caza de jabalís, pesca, marisqueo y el pillaje de pueblos vecinos ( vacceos y turmódigos ). La agricultura no debía ser muy productiva.

Se sabe que navegaban en primitivas embarcaciones, como podemos comprobar en el Museo Marítimo
Ya en época pre- romana explotaron los recursos mineros, como el hierro y otros metales y la sal de Cabezón.
Recreación de primitivas embarcaciones cántabras
El Caldero de Cabárceno
También tuvieron relaciones comerciales con otros pueblos hispáni- cos, incluso a través del mar con las islas británicas, prueba de ello tenemos el "Caldero de Cabárceno". No tenían moneda, por lo que debían practicar el trueque.

En cualquier caso, su mayor proyección al exterior era como merce- narios, como veremos más adelante, pues se sabe que hubo guerreros cántabros en lugares tan dispares como las Galias o el Danubio. En ese sentido eran muy apreciadas sus cualidades como guerreros, tal y como podemos ver en la siguiente sección histórica.
   
Religión, dioses y ritos: Las Estelas Cántabras
Los cántabros practicaban cultos de tipo naturalista: veneraban a los montes, bosques, lagos, serpientes... Las representaciones solares de las numerosas estelas gigantes que se han encontrado, hacen suponer que también existiría el culto a un dios solar. Se han encontrado en Zurita de Piélagos, Barros y Lombera en Buelna y San Vicente de Toranzo. Se las considera de la Cantabria prerromana, aunque también pudieron haberse creado bajo dominio romano, puesto que también se conocen estelas dis- coideas con inscripciones latinas como la de Luriezo ( Cabezón de Liébana ). También se conoce el nombre de un dios, Erudinus, a quién se rendía culto desde la cima del Pico Dobra, en Torrelavega. Existía un dios-padre, asimilado más tarde al Júpiter romano. En Herrera de Camargo se descubrió una bella escultura de bronce que le rendía culto.
Ara cántabra
Cráneo y materiales cerámicos de la Edad del Bronce
También aparece un dios de la guerra cántabro que en el futuro sería asimilado al Marte latino al que se le ofrecían sacrificios de cabras, caballos y prisioneros. Parece estar confirmada la presen- cia de una diosa llamada Cantabria.

Se ha encontrado un ara votiva en el Danubio, hasta donde llega- ron los soldados cántabros con el ejército romano, dedicada a esta deidad. Esta diosa podía estar relacionada con algún tipo de culto a la luna.
 
También existe un indicio de culto a las "matres". 
En el monte Cildá apareció una ara dedicada a la diosa Mater Deva, conocida en el mundo céltico y relacionada con las aguas. El río Deva en Cantabria, permite establecer la relación con la diosa. Hemos sabido que los cántabros sa- crificaban a sus prisioneros en gran número y que las cuevas tenían gran impor- tancia para el pueblo cántabro, puesto que las utilizaban con fines funerarios.

Por una pequeña escultura de bronce encontrada en Castro Urdiales sobre un escarpado monte, deducimos que los cántabros de la costa veneraban a un dios del mar, asimilado posteriormente al Neptuno latino, aunque en este caso, el Neptuno cántabro se presenta como un joven imberbe que lleva un collar en forma de media luna.
 Aparecen otros atributos clásicos como el delfín en una mano y el tridente en la otra. Actualmente, se encuentra en el Museo de Prehistoria de Santander.
Neptuno cántabro
Estela de Zurita
En algunas lápidas aparecen animales como caballos o ciervos, porque al parecer, existía la creencia de que estos animales transportaban las almas de los difuntos al cielo. Sobre como enterraban a los muertos bien poco se sabe.

Parece que se practicaba la cremación con los difuntos, excepto con los que morían en el campo de batalla, que debían quedar yaciendo allí hasta que los buitres abrieran sus entrañas para transportar sus almas al cielo. Esta es una costumbre que ha quedado reflejada en una de las caras de la estela de Zurita.