ORILLAS DEL DUERO
Se ha asomado una cígüeña a lo alto del
campanario.
Girando en torno a la torre y al caseròn solitarío;
ya las
golondrinas chillan. Pasaron del blanco invierno,
de nevascas y ventiscas los
crudos soplos de infierno.
Es una tibia mañana.
El sol calienta un poquito
la pobre tierra soriana.
Pasados los verdes pinos,
casi azules,
primavera
se ve brotar en los finos
chopos de la carretera
y del río.
El Duero corre, terso y mudo, mansamente.
El campo parece, más que joven,
adolescente.
Entre las hierbas, alguna humilde flor ha nacido,
azul o
blanca. ¡Belleza del campo apenas florido,
y mística
primavera!
¡Chopos del camino blanco, álamos de la ribera,
espuma de
la montaña
ante la azul lejanía;
sol del día, claro día!
¡Hermosa
tierra de España!
YO VOY SOÑANDO CAMINOS
Yo voy soñando
caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las
polvorientas encinas! ...
¿Adònde el camino irá?
Yo voy cantando,
viajero
a lo largo del sendero...
—La tarde cayendo está—.
«En el
corazòn tenía
la espina de una pasiòn;
logré arrancármela un día,
ya no
siento el corazòn.»
Y todo el campo un momento
se queda, mudo y
sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.
La tarde
más se oscurece;
y el camino que serpea
y débilmente blanquea
se
enturbia y desaparece.
Mi cantar vuelve a plañir:
«Aguda espina
dorada,
quién te pudiera sentir
en el corazòn clavada.»
AMADA,
EL AURA DICE
Amada, el aura dice
tu pura veste blanca...
No te
verán mis ojos;
¡mi corazòn te aguarda!
El aura me ha traído
tu
nombre en la mañana;
el eco de tus pasos
repite la montaña...
No te
verán mis ojos;
¡mi corazòn te aguarda!
En las sombrías
torres
repican las campanas...
No te verán mis ojos;
¡mi corazòn te
aguarda!
Los golpes del martillo
dicen la negra caja;
y el sitio de
la fosa,
los golpes de la azada...
No te verán mis ojos;
¡mi corazòn te
aguarda!
domingo, 16 de septiembre de 2012
Poemas de Antonio Machado España I
Poemas de:
Antonio Machado
VUELTA A LA PÁGINA PRINCIPAL
HE ANDADO MUCHOS CAMINOS
He andado muchos caminos,
he abierto muchas veredas,
he navegado en cien mares
y atracado en cien riberas.
En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancòlicos
borrachos de sombra negra,
y pedantones al paño
que miran, callan y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.
Mala gente que camina
y va apestando la tierra...
Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra.
Nunca, si llegan a un sitio,
preguntan adònde llegan.
Cuando caminan, cabalgan
a lomos de mula vieja,
y no conocen la prisa
ni aun en los días de fiesta.
Donde hay vino, beben vino;
donde no hay vino, agua fresca
Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan,
y en un día como tantos
descansan bajo la tierra.
RECUERDO INFANTIL
Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.
Es la clase. En un cartel
se representa a Caín
fugitivo, y muerto Abel,
junto a una mancha carmín.
Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.
Y todo un coro infantil
va cantando la lecciòn:
mil veces ciento, cien mil;
mil veces mil, un millòn.
Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de la lluvia en los cristales.
EL LIMONERO LÁNGUIDO SUSPENDE
El limonero lánguido suspende
una pálida rama polvorienta
sobre el encanto de la fuente limpia,
y allá en el fondo sueñan
los frutos de oro...
Es una tarde clara,
casi de primavera;
tibia tarde de marzo,
que al hálito de abril cercano lleva;
y estoy solo, en el patio silencioso,
buscando una ilusiòn cándida y vieja:
alguna sombra sobre el blanco muro,
algún recuerdo, en el pretil de piedra
de la fuente dormido, o, en el aire,
algún vagar de túnica ligera.
En el ambiente de la tarde flota
ese aroma de ausencia
que dice al alma luminosa: nunca,
y al corazòn: espera.
Ese aroma que evoca los fantasmas
de las fragancias vírgenes y muertas.
Sí, te recuerdo, tarde alegre y clara,
casi de primavera,
tarde sin flores, cuando me traías
el buen perfume de la hierbabuena,
y de la buena albahaca,
que tenía mi madre en sus macetas.
Que tú me viste hundir mis manos puras
en el agua serena,
para alcanzar los frutos encantados
que hoy en el fondo de la fuente sueñan...
Sí, te conozco, tarde alegre y clara,
casi de primavera.
Antonio Machado
VUELTA A LA PÁGINA PRINCIPAL
HE ANDADO MUCHOS CAMINOS
He andado muchos caminos,
he abierto muchas veredas,
he navegado en cien mares
y atracado en cien riberas.
En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancòlicos
borrachos de sombra negra,
y pedantones al paño
que miran, callan y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.
Mala gente que camina
y va apestando la tierra...
Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra.
Nunca, si llegan a un sitio,
preguntan adònde llegan.
Cuando caminan, cabalgan
a lomos de mula vieja,
y no conocen la prisa
ni aun en los días de fiesta.
Donde hay vino, beben vino;
donde no hay vino, agua fresca
Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan,
y en un día como tantos
descansan bajo la tierra.
RECUERDO INFANTIL
Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.
Es la clase. En un cartel
se representa a Caín
fugitivo, y muerto Abel,
junto a una mancha carmín.
Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.
Y todo un coro infantil
va cantando la lecciòn:
mil veces ciento, cien mil;
mil veces mil, un millòn.
Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de la lluvia en los cristales.
EL LIMONERO LÁNGUIDO SUSPENDE
El limonero lánguido suspende
una pálida rama polvorienta
sobre el encanto de la fuente limpia,
y allá en el fondo sueñan
los frutos de oro...
Es una tarde clara,
casi de primavera;
tibia tarde de marzo,
que al hálito de abril cercano lleva;
y estoy solo, en el patio silencioso,
buscando una ilusiòn cándida y vieja:
alguna sombra sobre el blanco muro,
algún recuerdo, en el pretil de piedra
de la fuente dormido, o, en el aire,
algún vagar de túnica ligera.
En el ambiente de la tarde flota
ese aroma de ausencia
que dice al alma luminosa: nunca,
y al corazòn: espera.
Ese aroma que evoca los fantasmas
de las fragancias vírgenes y muertas.
Sí, te recuerdo, tarde alegre y clara,
casi de primavera,
tarde sin flores, cuando me traías
el buen perfume de la hierbabuena,
y de la buena albahaca,
que tenía mi madre en sus macetas.
Que tú me viste hundir mis manos puras
en el agua serena,
para alcanzar los frutos encantados
que hoy en el fondo de la fuente sueñan...
Sí, te conozco, tarde alegre y clara,
casi de primavera.
Poema de Antonio Machado España
Poema Caminante No Hay Camino de Antonio Machado
Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre el mar.
Nunca persequí la gloria,
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles,
como pompas de jabón.
Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse…
Nunca perseguí la gloria.
Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar…
Hace algún tiempo en ese lugar
donde hoy los bosques se visten de espinos
se oyó la voz de un poeta gritar
“Caminante no hay camino,
se hace camino al andar…”
Golpe a golpe, verso a verso…
Murió el poeta lejos del hogar.
Le cubre el polvo de un país vecino.
Al alejarse le vieron llorar.
“Caminante no hay camino,
se hace camino al andar…”
Golpe a golpe, verso a verso…
Cuando el jilguero no puede cantar.
Cuando el poeta es un peregrino,
cuando de nada nos sirve rezar.
“Caminante no hay camino,
se hace camino al andar…”
Golpe a golpe, verso a verso.
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre el mar.
Nunca persequí la gloria,
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles,
como pompas de jabón.
Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse…
Nunca perseguí la gloria.
Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar…
Hace algún tiempo en ese lugar
donde hoy los bosques se visten de espinos
se oyó la voz de un poeta gritar
“Caminante no hay camino,
se hace camino al andar…”
Golpe a golpe, verso a verso…
Murió el poeta lejos del hogar.
Le cubre el polvo de un país vecino.
Al alejarse le vieron llorar.
“Caminante no hay camino,
se hace camino al andar…”
Golpe a golpe, verso a verso…
Cuando el jilguero no puede cantar.
Cuando el poeta es un peregrino,
cuando de nada nos sirve rezar.
“Caminante no hay camino,
se hace camino al andar…”
Golpe a golpe, verso a verso.
sábado, 15 de septiembre de 2012
CAMINANDO HACIA EL APOSTOL S.G.R.
.CAMINADO HACIA EL APÓSTOL RELATO
Nunca olvidarè el momento en que decidí emprender el camino de Santiago. El año no había sido bueno, puesto que por culpa del juego, había perdido a mi mujer y mi trabajo. Estaba sumido en una profunda depresión. Me pasaba las mañanas, las tardes y las noches tirado en el sofá, viendo un programa tras otro. En uno de ellos hablaron del camino, salían testimonios de peregrinos que habían superado sus problemas en su encuento con el apóstol.
Recordé mi época universitaria, cuando Juan, Carlos y yo quisimos recorrerlo pero diversas circunstancias nos lo impidieron. Así que tres días después cogí el coche y me trasladé a Roncesvalles. Este es el lugar donde dice la tradición que se debe comenzar.
La guia que había comprado en la libreria de debajo de mi casa, decía que no se podía empezar sin visitar la "Real Colegiata de Nuestra Señora" en donde se venera una virgen revestida de oro y plata. Tal era mi estado que su visión no me hizo sentir nada.
Salí y me dirigí a tocar la "Cruz de los peregrinos" para comenzar el viaje. Cuando llegué a ella estaba a rebosar de gente como yo. Uno iban solos, otros en grupos, algunos en bicicleta y otros a pie. Allí se respiraba un ambiente de alegría que no podía soportar, así que rápidamente huí y continue el camino. Mi siguiente parada fue en Pamplona. Todos los albergues estaban llenos, por eso, a pesar del frío, tuve que pasar la noche en las escaleras de la iglesia de Santo ÇDomingo. Cuando desperté habían dejado a mis pies dos cajas de leche y una barra de pan.
A la salida de la ciudad me encontré con un cruce de caminos, había perdido el mapa así que se me presentó un gran dilema ¿Que hacía? ¿y si me equivocaba? Tras unos minutos pensando: ¿Que hago? ¿Nadie pùede ayudarme?, apareció un anciano como de entre la nada. Me dijo que la opción correcta era a la derecha, que me llevaría a Puente la Reina. Cual sería mi sorpresa cuando vi que el anciano caminaba a mi misma altura. Empezó a contarmeque, aunque ya era muy viejo, hacía el camino por promesa y porque le gustaba ayudar a la gente. Unos 5 kilómetros más tarde paré en seco y de muy malas manerasle espeté que se marchara y me dejase en paz. Se sentó bajo un árbol y me dijo: -Continua solo si es tu deseo, pero nos volveremos a ver, ya lo verás.
Pasé tres días y tres noches en Puente la Reina. Aquí comenzaron a acecharme los pensamientos más oscuros. Me acordaba de mi trabajo en el periódico y de cómo un día mi jefe me dijo que no debía volver. Y todo por culpa del juego.
Empecé con lo típico, echando a las máquinas la vuelta del café, pero pronto eso fue poco, cada día necesitaba echar más y más. Claudia me decía que estaba enfermo, que me lo tratara, pero yo la gritaba y repetía que eran imaginaciones suyas. Un buen día me dijo que o las máquinas o ella. Intenté dejarlo pero no pude y se marchó.
En Ayegui, en la fuente del vino me volví a encontrar con el anciano. Cuando me acerqué a él me recitó estos versos con su entrañable voz,(aunque no es lo mismo les recojo aquí para que todos los leáis):
"¡Peregrino!
Si quieres llegar a Santiago
Con fuerza y vitalidad
De este gran vino echa un trago
Y brinda por la felicidad"
Aquí el viejo volvió a hacerme la proposición de caminar juntos. Lo pensé y acepté pues necesitaba un apoyo o la tristeza se apoderaría de mí para siempre.
A la madrugada siguiente cuando el sol asoma entre las montaña nos pusimos en ruta. Empe´zamos a hablar y hablar y me sentí liberado, como flotando en una nube; con la misma alegría del día en que comencé mi trabajo; que cuando conocía a Claudia y tras cuatro meses de noviazgo nos unimos pensando que sería para toda la vida.
Cuando llegamos a Logroño empecé a sentirme mal y estuve casi diez días en el hospital. El anciano no se separó ni un momento de mi lado. Comencé a pensar que esto había sido un error, que debía abandonar y regresar a intentar recuperar mi vida. Pero él me convenció para que siguiera. Recuerdo especialmente ese momento. Las palabras exactas que me dijo: -No Beltrán, este no es el momento de que lo dejes, pues aún no estás preparado. Claudia note aceptará ahora, debes cambiar muchas cosas de tí. Pero tras encontrarte con Santiago serás un hombre nuevo. Volverás a ser el mismo Beltrán de hace diez años, tan alegre y romántico que consiguió conquistarla. Da tiempo al tiempo.-
En ese instante me quedé anonadado y le pregunté como sabía cuando nos habíamos conocido. Ël contestó tajantemente: -Yo lo sé todo:-
Tras tanto tiempo en el hospital, me empecé a estresar pensando que no llegariamos antes del 31, pero él me aseguró que lo conseguiriamos.
A la salida de Palencia encontramos a una mujer que estaba como yo, rota por el dolor. Pero era un dolor distinto. Su marido y su hija de dieciocho años habían muerto en el atentado de Madrid. Caminaba para intentar olvidarlos, pero ellos estaban presentes en cada uno de sus pasos. Nos contó como esa mañana desayunaron juntos. Ella iba a la universidad, había empezado a estudiarpsicología. Él iba como cada día a su oficina, prefería el tren al coche. Nunca los volvió a ver. Yo no sabía que hacer, no estaba preparado para tanto dolor. El anciano la consoló diciéndole que ellos estarían con Dios y que pensara que cuando abrazara al Apostol él le trasmitiria su cariño.
En León se quedo en casa de unos amigos. Nosotros fuimos al "Albergue de Reliegos". Antes de dormir le pregunté al viejo si conocia a Amelia y si había sido casual nuestro encuentro. Él me repitió: Ya te dije que lo sé todo. Quería que te encontraras con ella para que vieras que hay muchisima gente con más dolor que tú. Tú puedes volver y rehacer tu vida junto a Caludia. Pero Amelia no podrá recuperarla, al igual que todos los que ese día perdieron una parte de su vida allí. Meditalo.-
A la mañana siguiente salimos a dar un paseo. En la plaza mayor vimos a unos niños haciendo carreras con las bicicletas. Dos de ellos tenían gran rivalidad. Entonces el anciano hizo un comentario
que no hizo sino aumentar mi intriga: ¡Que curioso!, esos dos son como Juan y tú cuando os regalaron vuestra primera bicicleta. Estabáis todo el día compitiendo para ver cual de las dos corría más. Todavía os sigue gustando montar. Y, aunque hace mucho tiempo que no lo haceís juntos, no te preocupes lo volvereís hacer.-
Salimos de allí y caminamos durante muchas horas en silencio. Cuando cayó el sol nos paramos en un prado, allí pasamos la noche, a pesar del frío, contemplando las estrellas.
En Astorga mi amigo me dijo que no podía marcharme sin visitar la iglesia de San Francisco. Qque le esperara allí pues él debía irse a resolver un asunto con los padres redentoristas. Entré y salí me senté en el parque. Aquí volvieron a invadirme negros pensamientos. En el banco de enfrente había una pareja como Claudia y yo. Se les veía felices, como éramos nosotros. Pero de pronto comenzaron a discutir, a echarse en cara reproches y cada uno se fue por su lado, exactamente igual que nosotros. Un rato más tarde, mientras tomaba una cerveza esperando al anciano, ví al chico, estaba desesperado, iba ya por su cuarta copa. Pero entonces la vi llegar, se acercó, conversaron y se fundieron en un beso, desapareciendo calle abajo. Este momento me convenció de que debía intertar por todos los medios reconciliarme con Claudia.
Me pasé toda la tarde escribiendo este diario de viaje. Casi al anochecer el anciano apareció. Le espeté que a la hora que era ya no encontrariamos sitio en ningún albergue. Me dijo que le siguiera y me condujo hacia el convento donde había estado por la tarde. Nos recibió el padre Vicente quien tras enseñarnos nuestras celdas nos condujo al comedor. Aunque la cena fue modesta: una sopa de ajo, fue de lo mejor que probamos en todo el camino.
Al alba nos pusimos de nuevo en ruta. No paramos hasta la hora del almuerzo en Santa Catalina de Somoza. En la "Pastelería de Críspula" vislumbré unas porciones de leche frita que me recordaron mi infancia. Entré y compré una docena. Cuando se las ofrecí al anciano me dijo :-¡Ah! Leche frita. Que buenos recuerdos te trae. Si no recuerdo mal, tu abuela Pepa las hacía inigualables. Te ponías morado de ella hasta que un día cogiste tal empacho que has estado años sin probarlas. Veo que eso ya pasóque te siguen volviendo loco.-
Tras varios días llegamos a Ponferrada. Aquí sentí por primera vez desde que comencé el camino la necesidad de confesarme y oir misa. Algo en mi interior me lo pedía. Me encontraba bien conmigo mismo y quería compartirlo con Dios. Había aprendido a apreciar mi vida con sus cosas buenas y malas, a ser positivo. Fuimos a la iglesia de San Andrés, me postré ante el Cristo de las Maravillas y pasé orando dos horas. A la salida me sentí un hombre nuevo. Ponferrada es famoso entre los peregrinos por la "Psada de Teresa en donde te dan unos masajes por todo el cuerpo que te quitan todos los dolores. Mi cuerpo estaba destrozado, por no hablar de mis pies llenos de callos y ampollas. teresa me dejó como nuevo. Cuando quiso hacer lo mismo con mi amigo este se negó. Ante nuestra insistencia se descubrió los pies. Estaban sin ningún rasguño. Como si acabaramos de comenzar. Ante nuestro asombro justificó este hecho diciendo que sus pies ya no sufrian pues eran muy viejos y estaban acostumbrados a tan largas caminatas. ¡Que raro era todo en él!.
Ya estábamos a mediados de diciembre y nuestro propósito era llegar a Santiago antes de cambiar de año para poder pasar por la puerta del Perdón.
Dos días después llegamos a Villafranca del Bierzo. Pasamos por la puerta del Perdónde la iglesia de Santiago de Villafranca, una de las últimas paradas antes de llegar a Santiago.
Por fin el 30 de diciembre llegamos al Monte do Gozo. Me eché a llorar al contemplas compostela, ¡Solo me quedaban unas horas!, unas horas para abrazar al apostol.
Al día siguiente pisamos Santiago, la Ciudad Santa por antonomasia. Fuimos de puerta en puerta, hasta el Pórtico de la Gloria. Entrando por los restos de la "Porta Francígena", seguimos hasta la iglesia de Santa Maria del Camino y llegamos a la última: la puerta del Paraiso del Monasterio de San Martín Binario.Tras esto, por fin, la catedral. Ya era de noche cuando pasamos la puerta del Perdón. Nos confesamos y entre lágrimas abracé a Santiago. ¡Lo había conseguido!.
Cuando salimos a la plaza del Obradoiro todo el mundo celebraba la Noche Vieja, quedaba poco tiempo para concluir el año. Fue entonces cuando el anciano me dijo: -Bueno Beltrán, el viaje ha concluido. Has aprendido una gran lección: volver a quererte a ti mismo y a los demás y a confiar en la gente. Has sabido escuchar y hablar de tus problemas. Eres un hombre nuevo. Confia en que cuando regreses recuperarás a Claudia.
La curiosidad hacia él me superaba, así que por fin le pregunté quien era. ¡Cuán sorprendente fue su respuesta!: Me alegro que me lo preguntes, ahora si puedo responderte.-Soy el año viejo, al que tú invocaste en aquel cruce de caminos a la salida de Pamplona. Si alguien me necesita acudo en su ayuda. Espero que nuca olvides lo aprendido junto a mí en todo este tiempo.-
Entonces empezaron a sonar las campanadas. Cuando acabaron toda la plaza estalló en júbilo. Los peregrinos nos abrazabamos unos a otros bajo las luces de colores de los fuegos artificiales. Cuando fuí hacer lo mismo con mi amigo este había desaparecido. Nunca le volvería a ver, pero no le olvidaría.-Aquí termina este diario del camino de Santiago. Gracias a él y al año viejo me he encontrado a mi mismo y he vuelto a apreciar el sentido de la vida que es corta y hay que aprovecharla.
Cuando regresé, Claudia me aceptó de nuevo y ahora vivimos felices.
Este testimonio va a ser publicado para que la gente que como yo,se encuentre perdida y no le encuentre sentido a su existencia, sepa reconducirla. Todos deberiamos encontrarnos en algún momento de nuestra vida con el Año Viejo.
MUCHAS GRACIAS AMIGOS.
S.G.R.
viernes, 14 de septiembre de 2012
PALABRAS POESÍA
PALABRAS
De mi boca salen palabras
que se ahogan, una tras de otra,
palabras, que en aire flotan, como
pompas de jabón, que sin cesar
de un lado a otro van.
Mis palabras se deshacen,
pero otras nuevas nacen.
De lo que mi boca salió,
ya todo se perdió, porque el
mundo nunca comprendió,
lo que en realidad quería
decirles yo.
A.R.G.
EL TIEMPO POESÍA
EL TIEMPO
Ya no mientes, ya no hablas
¿y tu orgullo donde está?.
Vuelve la mirada hacía atrás,
y verás el tiempo que has
dejado volar, sin luchar, ni
ayudar a los demás.
¿Para que vives?
¿Para quién ríes o lloras?
para tu soledad quizás.
Porque nunca te has
enfrentado a la vida real.
A.R.G.
LAS NOTAS POESÍA
LAS NOTAS
Notas suaves, notas bellas,
que os escapáis o fugáis,
con limpieza de las manos
del artista que os acaricia.
Os eleváis, desparecéis,
pero nunca volvéis,
flotáis, me hacéis imaginar
un mundo hermoso,
mis penas desaparecen,
mientras desfiláis, mis
oídos se adormecen, mis
sentidos se despiertan.
Quisiera reteneros en
mi mente para siempre,
Más no puedo porque
vosotras nunca os dejareis
atrapar, vuestro sino es
flotar hasta el infinito y
mas allá.
A.R.G.
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